Por: Lic. Rosa Coaricona

 

 

EL OSCAR

 
EL OSCAR se ha convertido en el tótem emblemático del marketing mundial que apoltrona y llena de riqueza a los que poseen sus estatuillas y destrona a las falsas diosas y auténticos demonios que se quedan en las pasarelas del glam

our que otorga la estrepitosa frase: "and the winner is."

EL OSCAR es una de las fiestas contemporáneas que emocionan a las plebeyas del mundo y a los asalariados del planeta. Conforme a los carnavales de Venecia, donde los humildes labriegos comentaban, meses antes, las ropas con que iban a ir cubiertos sus príncipes señoritos o duquesas solteras.

EL OSCAR muestra una vez más que la fiesta social en su más elevado morbo, siempre ha sido compartido sólo por billeteras opulentas pero comentado por el pueblo, chisme a chisme, rumor a rumor. Así nació, en su día, la prensa rosa. Boca a boca

EL OSCAR es la escalinata del poder. Arnold Schwarzenegger, primero triunfó en Hollywood y luego se convirtió en Gobernador de California. Antes que él, Ronald Reagan fue un actor mediano pero reconocido en Hollywood, y fue Presidente de los Estados Unidos.

EL OSCAR , sin embargo, ha demostrado que el camino inverso también se puede producir: el ex presidente de Bill Clinton, el demócrata Al Gore ha sido premiado con dos estatuillas del Oscar por su magnífico documental sobre el cambio climático en "UNA VERDAD INCOMODA", donde muestra con realismo que el hombre está destruyendo el planeta.

EL OSCAR ha premiado este año a Martin Scorsese, ese genio que no merece más comentarios que compartir su triunfo. Forest Whitaker, en caracterización del sanguinario Idi Amín, muestra al último rey, no de Escocia, si no de Uganda (Africa). El monstruo musical Ennio Morricone, que hizo las bandas sonoras de 400 películas, se llevó la estatuilla del Oscar honorífico.

EL OSCAR, finalmente, une cine y política, glamour y ventas; en suma: EL PODER.

Lima, 26 de febrero de 2007