Por: Lic. Rosa Coaricona

 

 

CANDELARIA, LA VIRGEN

 
Candelaria es la virgen patrona de Puno, tierra de luz, pensamiento y libertad. Es la mamita redentora que perdona todo bajo su hermoso manto celestial. Tres culturas nos cobijamos debajo de su ternura: aymaras, quechuas y castellanos; tres culturas, tres. A partir de esta

región pluriétnica y multicultural, los puneños sentimos que nuestra tierra es distinta, elevada, altiplánica.

Candelaria es la mamita modelo que alumbró a Jesús en las alturas del titikaka majestuoso de donde emergieron Manco Cápac y Mama Ocllo para fundar el Imperio más grande de América. Es la mestiza puneña que impregnó la fe en nuestro pueblo para odiarnos menos y amarnos más.

Candelaria, cuentan, apareció la noche en que Túpac Amaru pretendía tomar Puno para devolver el incanato al altiplano. Entonces, los castellanos que cuidaban de sus minas, creyentes en la virgen hispana, acudieron a su fe y en procesión la pasearon por la noche de candelas. Cual ojos brujos, los incas de Cuzco palidecieron al imaginar multiplicadas las huestes a batir. Emprendieron retirada.

Candelaria, la virgen de las candelas, obró el milagro: no tomaron Puno, o más bien no pudieron re-tomarlo. Y, desde entonces, quedó para siempre la fundación española de Puno erguida en los mismos pies del Cancharani y del Azoguine. Los castellanos pudieron fundirse con los quechuas y los aymaras que, por entonces, también salieron a la procesión. Dios sabrá por qué.

Candelaria, virgen majestuosa, mamita de los andes, madre de Dios, mamá omnipresente. Hoy, todos los hijos de tus hijos hemos tomado tu nombre para confundirnos en tu pecho, en tu regazo, en tu vientre. Hoy, diablos endemoniados bailan al compás de tu aurora. Angeles resueltos, saltan por los aires para no ceder ante la conquista del mal. Hay un festival en tu nombre, una fiesta, como antaño. Con más estruendo, con mayor arte. Y, ojalá, que con igual fe.

Lima, 13 de febrero de 2007