físico, presencial, frente a frente. Luego, las pinturas, la fotografía, el teatro o la ópera, transformaron el tributo de sentimientos. Uno podía enamorarse vía actuación o foto.
La aldea mediática es un hecho, mayor, sin precedentes. Primero, la existencia de los medios de comunicación, me-dia-ti-za-ron las relaciones humanas (radio, televisión, cine). Luego, el teléfono, el satélite, las microondas, acercaron distancias y con ello las relaciones humanas.
La aldea mediática es una imposición de internet. Los nuevos aldeanos mediáticos, se llaman internautas. Ya no son ciudadanos, es decir, que viven en una ciudad; ahora, son cibernautas, o internautas. Es decir, "viven", "domicilian" en el espacio cibernético (cibernautas) o en internet (internautas). Su "nick· es su nuevo DNI o pasaporte.
La aldea mediática implica muchas distorsiones sociales y privilegios distintos a las costumbres anteriores, tanto en el espacio como en el tiempo. Por ejemplo, gracias a internet, una chica de Chimbote puede ser amiga virtual de un chico de Pekín, a quien conoció en una comunidad cibernética; pero, no se habla con su vecino que es de Tumbes.
La aldea mediática, entre otras cosas, ha disminuido los infartos de los altos ejecutivos de las transnacionales al motivar que su Directorio ya no se reúna en Nueva York o París, para lo cual había que viajar desde todas partes del mundo, para una sesión de mediodía y otra vez a tomar el avión de regreso. Ahora se reúnen, desde sus mesas, mediante video conferencia, simulando una realidad casi perfecta.
La aldea mediática, ahora, permite el divorcio express. Sí, como lo lee, no hace falta tanto papeleo; si es que contrata los servicios de abogados cibernéticos que pueden evitarle la fatiga, de ver a su cónyuge, presencialmente, miràndolo con la cara avinagrada, y culpándolo de todos los sinsabores de su vida.
La aldea mediática , por supuesto, también permite casarse vía internet. Con los años, tal vez vía courier, también se podrá tener hijos con apoyo de la pantalla. Hay programas informáticos que ya están desarrollando el transporte de olores por internet. Pronto, ojo, podrá comprar el olor de un exquisito vino rioja, y con cerrar los ojos, será suficiente, para sentirse junto al viñedo original.
La aldea mediática, sin embargo, no es un espacio seguro jurídicamente; aún no está regulado el espacio virtual. Habrá que caminar despacio por esta nueva aldea. En pocos años, los robotitos y maquinitas, serán grandes amigos nuestros y nos facilitarán encuentros mediáticos; o, si se molestan, pueden "estresarse", "colgarse" y arrojarnos a un abismo cibernético, que aunque cibernético, siempre será un abismo. |