Por: Lic. Rosa Coaricona

 

 
 

LOS MERCADERES DEL TEMPLO

 

Los mercaderes, como su nombre lo indica, son comerciantes que se apoderan del mercado; que hacen del mercado, su forma de vida, su necesidad, su sobrevivencia. Antes y después de Cristo, siempre han existido mercaderes.

Los mercaderes, son aquéllos que "compran a menos y venden a más" (Aurora Encinas).Son piezas irremplazables en el

tablero del sistema capitalista. Son los que aprovechan la acumulación de gente, en cualquier recinto, para vender. Los mercaderes han logrado hacer del mercado, su Dios, su becerro de oro.

Los mercaderes estaban ahí, en el templo, cuando Jesús-indignado- los echó. Se fueron temporalmente, pero volvieron después. Pero, ojo, Cristo no condenó el mercado en sí, porque dijo aquello de "al César, lo que es del César.".

Los mercaderes indignaron a Cristo, porque se arremolinaban junto al templo de su padre y hacían negocios desde ahí. Queda claro su mensaje: Dios no quiere que en sus puertas, ni para adentro ni para afuera, se aprovechen comercialmente del culto a su fe.

Los mercaderes, sin embargo, han continuado haciendo negocios. Muchos, como dije días atrás, han montado una "industria de la fe" y han fundado diversos cultos y diversas iglesias. Algunos vía empresas, otros vía cooperación internacional.

Los mercaderes del Templo son una especie vana, más que divina, que aprovechando la imagen bondadosa del creador, han montado su propio tinglado comercial. Han incursionado en política, por ejemplo, para disputar el gobierno terrenal, cuando ya Jesús advirtió: "mi reyno no es de este mundo".

Los mercaderes del Templo han hecho negocios, avalando dictaduras inhumanas, multinacionales esclavistas y colonizaciones cruentas. Aprovechan cualquier oportunidad para montar un negocio.

Los mercaderes del Templo no pueden jugar con los dados, sus túnicas; ni negociar con los clavos de Jesús, ni con sus maderas. Tampoco con el llanto de su madre, la Virgen María, ni con el dogma de su fe. Ni con su Iglesia, ni con sus devotos.

Los mercaderes del Templo, son la espina clavada en el corazón de quienes creemos en Dios. No permitamos que nos usurpen la fe, que nos arranquen a Cristo, ni que nos separen de Dios: ni en nombre de la real política ni en nombre del real mercado.

Los mercaderes deben permanecer en el mercado, preocupados de sus negocios y de sus ganancias, generando trabajo. Los pastores de hombres deben estar en el Templo cuidando de los rebaños de Jesucristo; y, en la sociedad cuidando de sus pobres. Ese fue el mensaje de la resurrección del Cordero de Dios, nuestro señor: Jesucristo.

Lima, 09 de Abril de 2007